Un gato me despierta.

Jueves, 29 enero 2015 § Deja un comentario

Un gato me despertó saltándome encima. Los doseles de la cama filtraban la luz del sol y mi piel se veía naranja. El gato era negro.

Las lentejuelas, en vez de lanzar miles de destellos, como sí ocurría con los minúsculos diamantes, dibujaban sombras grisáceas sobre mi tripa y mis muslos. El gato descansaba la cara sobre mi ombligo y arañaba con sus garras mi moreno costado.

Cuando mis ojos se acostumbraron a la escena, alcé las rodillas y el animal se escurrió sobre mi pecho. Me miró con sus iris transparentes y abrió grande la boca. Le hice una mueca como a los niños y se abalanzó sobre mi rostro.

Sus afilados dientes rodearon mi nariz y sus mandíbulas peludas se tensaron. Mis músculos reaccionaron tarde y empecé a sangrar. No pude chillar, la panza del gato taponaba mi boca. Así que esperé clavándome mis propias uñas en los puños y apretando fuerte mis dientes, intentando no pensar.

Cuando por fin la bestia se separó, un charco de lágrimas con hilos de sangre rodeaba mi cabeza. Mis trenzas púrpuras se enredaban en las sedas y un sabor metálico sobraba en mi boca.

Así me encontró el apuesto príncipe cuando, vestido de gélido blanco, se acercó con la mejor de sus sonrisas para darle los buenos días a su recién conocida esposa.

(28 de enero de 2015)

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